Controversia por ordenanza de torres en Tigre, cuestionada por eludir la acción judicial.

En el marco de la controversia por las modificaciones al Código de Ordenamiento Urbano en Tigre, se han expresado críticas hacia la ordenanza aprobada por el Concejo Deliberante. La iniciativa oficialista ha sido señalada por no abordar la problemática de fondo del crecimiento urbano. Se ha argumentado que, más que una planificación integral, la medida constituye un ajuste formal para cumplir con requisitos judiciales.

Un bloque del Concejo Deliberante se opuso a la reforma, indicando que el debate sobre las construcciones en altura sigue siendo un tema central en el distrito. Se ha advertido reiteradamente sobre un crecimiento descontrolado, que estaría llevando a Tigre a una situación de colapso, debido a la falta de planificación real y los intentos actuales de corrección improvisada. El contexto incluye un decreto municipal previo que buscó limitar las construcciones tras la presión social y judicial.

Un punto de controversia es el artículo 17 de la ordenanza, que permite la continuación de proyectos presentados antes de noviembre bajo la normativa anterior. La preocupación radica en que esto podría abrir la puerta a un modelo de desarrollo previo, sin conocer el número exacto de proyectos afectados ni su potencial impacto. Se ha recordado que una cautelar judicial anterior que detuvo nuevas edificaciones se fundamentó en el riesgo de daño ambiental irreversible. Asimismo, se ha criticado que la nueva normativa no incluya estudios integrales de impacto ambiental o de tránsito, ni la realización de audiencias públicas representativas.

El descontento vecinal se hizo palpable durante la sesión, con la organización de residentes en barrios como Pacheco, Tigre Centro, Benavídez y Rincón, quienes recurrieron a la Justicia al sentirse desoídos. Este nivel de organización vecinal se considera un nuevo capítulo en la discusión sobre el modelo de ciudad deseado.

Se ha rechazado la simplificación del conflicto a una disyuntiva de “torres sí o torres no”, enfatizando la falta de planificación urbana, de reglas claras y de una visión a futuro. El crecimiento, se argumenta, no debe ir en detrimento de los vecinos ni de su calidad de vida. Ejemplos citados incluyen el impacto en el tránsito y la infraestructura, donde se señala que los tiempos de viaje pueden llegar a consumir una cantidad significativa del tiempo diario de las personas.

Finalmente, se ha cuestionado el vínculo entre la política y la ciudadanía, llamando a reconstruir la confianza a través de la colaboración con los vecinos en lugar de la imposición de decisiones. A pesar de un resultado adverso en la votación, se sostiene que el debate ha sido ganado y se continuará trabajando en la dirección que se percibe como la voluntad mayoritaria de los ciudadanos de Tigre para su ciudad.

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